miércoles, 13 de mayo de 2009
viernes, 24 de abril de 2009
Origen
Cuando se mira desde lejos, y con la luz adecuada, la Isla es un gran triángulo posado sobre el océano. Sólo cuando nos acercamos a ella podemos intuir, progresivamente, los volúmenes que se esconden tras su geométrica silueta. Poco a poco, la Isla se agiganta y se transforma en un cuerpo irregular, con caras, aristas y grietas que confieren a su superficie una rugosidad extraña, acentuada cuando la luz patina sobre la superficie del océano hasta estrellarse contra ella.
Tampoco flota, sino que hunde sus raíces en la corteza terrestre, a miles de metros bajo el mar. De las hiendas abiertas en el fondo del mar emergió, en algún momento, un chorro de magma ardiente que provocó un calentamiento repentino del agua. Al principio ésta fluía hacia zonas menos activas, pero el magma continuaba surgiendo, formando una pequeña cresta de materiales que se iban enfriando con lentitud, posándose sobre el lecho marino como si fuese un plácido retiro.
Pronto estos materiales fueron cubiertos por nuevos escombros, y la chimenea por la que el magma fluía al exterior se fue encumbrando, buscando la luz del sol que se filtraba a través de las olas. La proximidad a la superficie convertía el agua en vapor, que se elevaba sobre la superficie y se diluía en la atomósfera, mezclado con elementos terrestres, con una lava que afloraba, por fin, tratando de culminar así una labor infinita y dando forma a la Isla.
Afuera las condiciones cambian. El magma sigue fluyendo esporádicamente y hace que la Isla mude de aspecto cada cierto tiempo, siempre alrededor de la gran chimenea aunque, en ocasiones, la lava busque salidas alternativas. Los materiales depositados en torno al gran cráter ceden a la gravedad y ruedan hacia el mar con inmensa lentitud, como un regreso cíclico a sus orígenes más remotos.
Sobre ellos, entre tanto, nace la vida, pequeñas y vegetales especies heroicas capaces de sobrevivir en un desierto de ceniza hasta convertirse en pasto de las especies animadas, primero ínfimas, luego chicas, después medianas hasta llegar a poblarse la Isla de tantos seres vivos como fue capaz de albergar.
jueves, 23 de abril de 2009
Divina gloria humana
martes, 14 de abril de 2009
Vértigo
De girarse y contemplar lo recorrido.
De olvidar lo decisivo y recordar lo superfluo.
sábado, 28 de marzo de 2009
Las tradiciones
sábado, 14 de marzo de 2009
Desvío
lunes, 23 de febrero de 2009
Las Bodas de Caná, revisitadas
Para empezar, el título de la novela en que se basa (muy libremente, al parecer) es Petróleo (Oil, de Upton Sinclair). Al elegir este título para su película, Anderson muestras sus cartas: todo en ella gira en torno al petróleo, sus personajes se embadurnan en él, en medio de un escenario desérticamente fantasmal, pero al final habrá sangre. Se habrá producido una actualización del milagro original: ni agua, ni vino. El petróleo, en sangre.
Una transformación operada en el seno de la lucha por el poder de las dos fuerzas que marcan el destino de los EEUU desde sus orígenes: el dinero y Yahvé. Nadie ni nada escapa a este combate entre dos poderes inhumanos (o muy humanos, o antihumanos). La desolación del paisaje anida en el corazón de los hombres, ahondada por un ideal de vida con forma de billete verde y fondo apocalíptico-redentor. No hay salvación para estas almas lanzadas a una lucha a muerte. Y lo que es peor, para las almas de aquellos que nos hemos sometido a la voluntad del nuevo imperio y adoptado sus formas.
¿Quién puede salvar a la humanidad de esta metamorfosis infernal que ella misma ha iniciado en un perdido rincón del mundo para llegar hasta sus confines? There will be blood, sin duda.
