jueves, 8 de abril de 2010
Jimmy Carter
Poco después Brzezinski viajó a Pakistán, donde estableció acuerdos con Zia-ul-Haq para que diese pleno apoyo a los islamistas, y pasó en su regreso por Arabia Saudí, donde llegó a un pacto para que los saudíes colaborasen en la ayuda a los mujahidin, lo que vino a significar que cada uno de los dos 'socios' gastase a la larga más de 3.000 millones de dólares en la financiación de la guerrilla. 'Durante los años ochenta –explica Milton Bearden, que fue responsable de la oficina de la CIA en Pakistán– la compañía proporcionó cientos de miles de toneladas de armas y de material militar a Pakistán para que se distribuyesen entre los rebeldes afganos'.
Años más tarde el propio Brzezinski, que mentía al sostener que la aventura afgana se había iniciado en respuesta a la invasión rusa, puesto que su gestación era anterior, resumía así su estrategia global: 'La administración Carter no sólo decidió de inmediato apoyar a los mujahidin, sino que organizó una coalición que abarcaba Pakistán, China, Arabia Saudí, Egipto y Reino Unido en favor de la resistencia afgana. De igual importancia fue la garantía pública norteamericana de la seguridad de Pakistán contra cualquier ataque militar soviético, con lo que se creó un santuario para las guerrillas'. Y así seguimos hoy, tras 30 años de un conflicto que ha desbordado sus fronteras iniciales para convertirse en una amenaza mundial.
El motivo principal por el que Carter pasará a la historia contemporánea será probablemente el de haber sido el principal artífice de la creación de la alianza islamista internacional que es hoy el principal objetivo de la llamada 'guerra contra el terror'”.
El artículo es muy interesante como dato histórico, pero disiento de Josep Fontana cuando dice que Afganistán fue el mayor error de Carter. Todo lo contrario, fue su mayor acierto: con esta medida el emporio industrial-militar estadounidense liquidó a su viejo enemigo de la Guerra Fría y acabó con las esperanzas de liberación de muchos países que contaban con la URSS (pese a quien pese, y pese a sus propias miserias internas, que eran muchas) como único aliado frente al imperialismo USA, entre ellos las naciones árabes que habían escogido el camino de la laicidad y la autodeterminación. Pero, sobre todo, se creó un enemigo nuevo que, a la vista está, le esta rindiendo jugosos beneficios. ¿Quién puede ser tan incauto a día de hoy como para seguir creyendo que el terrorismo islamista es el gran enemigo de Occidente? Es el gran aliado.
lunes, 29 de marzo de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
Por fin, fuera máscaras
Deducciones:
1) APR se caracteriza por afirmaciones del estilo "Los políticos son unos hijos de puta, son todos igual de analfabetos y de inútiles". Esto no le impide correr a embolsarse 150.000 euros de un erario público gestionado por un partido que no se caracteriza, precisamente, por su honestidad. Eso sí: él es apolítico.
2) APR ya organizó una exposición para conmemorar el bicentenario de lo de Madrid. Ahí cobró el doble. El partido en el poder es el mismo, pero él se reafirma: es apolítico. Su amor por Cádiz vale la mitad que su amor por Madrid, o bien tendrá pensado dedicarle la mitad del esfuerzo.
3) Tanto en un caso como en el otro, la ideología del partido gobernante no parece estar reñida con la de APR, pese a que éste insiste en que es apolítico. Cierto es que su visión de la historia de España no es la de Fernando VII (faltaría más), pero no todos los ideólogos del PP son como Jiménez Losantos.
4) APR va más allá del arquetipo de escritor comercial. Si éste traduce las páginas en dinero, APR traduce el dinero en páginas. Sin contar recopilatorios, relatos, cuentos y guiones , APR ha escrito 22 obras de narrativa en 24 años, casi una por año (como Miguel Delibes, pero en la mitad de tiempo y con casi el doble de extensión). Eso da un promedio de en torno a 500 páginas por año (tirando por lo bajo). Quizás sea posible escribir 500 páginas gramaticalmente correctas al año, pero es imposible que esas 500 páginas anuales tengan calidad literaria. APR no entiende la escritura como un acto de creación, sino como una producción industrial.
Aparte de su calidad como escritor, APR es un cínico (es un reaccionario y lo niega) y un caradura (se forra a costa del mismo sistema que critica).
APR suele decir que éste es un país de analfabetos y que tiene los políticos que se merece, pero es el autor más vendido, está en la Academia y ahora volverá a colaborar con el PP. Visto así, puede que tenga razón...