martes, 29 de marzo de 2011
Un ano máis
martes, 22 de marzo de 2011
Reporteros sin escrúpulos
Retomar el hilo
Observo el cadáver de colibrí sobre mi mesa-camilla. En el garito donde converso con G. suenan los Ramones. Homenaje a Dee-Dee. Acaba de morir, también, con cincuenta y un años. Los dos nos acordamos del viaje a Nueva York, cuatro años antes. El llanto sobre una acera de Brooklyn frente a la casa donde había vivido mi madre su juventud. Los dos hablamos de cómo habían cambiado las cosas en esos cuatro años. Mi padre había engrosado la lista, habían caído las Twin Towers, se había iniciado la Tercera Guerra Mundial, aunque nadie lo sabía entonces, ni ahora, y yo había comenzado un camino sin retorno hacia no sabía dónde. La vida de G. seguía igual. Sus hijas ya estaban en Secundaria y Bachillerato; les faltaba poco para abandonar el hogar paterno, pero G. tuvo la delicadeza de no aburrirme con sus inquietudes de padre y esposo. En el fondo había un residuo del joven contestatario que había conocido en Alexandría, aunque ahora militara en un partido independentista con opciones parlamentarias y peso político. Y ese residuo afloraba al conversar con un espectro sin rumbo como era yo entonces. Y nunca dejaría de serlo.
“Déjalo antes de que sea demasiado tarde” dice Gustavo mientras salimos del garito en busca de más lugares donde diluirnos. Sólo por hastío, le dije que sí, y pasamos el resto de la noche discutiendo sobre la evaporación de nuestros sueños de juventud.
El colibrí es un ser minúsculo en la inmensidad de mi mesa-camilla. Me preguntó quién ha sido el colibrí del romance, si C., intentado rescatarme de la corriente, o yo mismo, y C. la flor. Y B., en cualquiera de las dos versiones, ¿dónde está? ¿Es la corriente que me arrastra o es la orilla que abandono? El final del romance es el mismo, en cualquier caso. Y no ayuda a resolver el enigma: ¿merece la pena el sacrificio? Puede que no, pero este colibrí exangüe junto a mi copa vacía también ha muerto, y lo ha hecho solo, sin flor a la que amar ni río en el que ahogarse.
Dijo una vez Martí, poeta y libertador, si es que no son lo mismo, que “hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí”. Con cierta repugnancia aprovecho la ocasión, sujeto el ala mínima del pájaro y la observo con atención.
Quizás Martí andaba errado. O quizás la única verdad esencial sea aquello que nos encontramos más allá de la muerte, o antes de la semilla, y nadie nos puede contar.
viernes, 25 de febrero de 2011
jueves, 24 de febrero de 2011
jueves, 17 de febrero de 2011
El mundo que viene
“Y nadie todavía, nadie todavía ha explicado al público estadounidense lo que ellos saben, y con toda seguridad ellos saben mejor de lo que el resto de todos nosotros sabemos quién será quien sustituya a Mubarak y no, no hay, no hay verdadero entusiasmo acerca de lo que es eso que se está haciendo a nivel nacional y desde Washington en relación a entender toda la situación allí en Egipto. Y en todas estás áreas que son tan volátiles ahora mismo, porque obviamente no es sólo en Egipto sino en los otros países también donde estamos viendo levantamientos, sabemos eso ahora mejor que nunca, necesitamos fortaleza y una mente clara allí en la Casa Blanca. Necesitamos saber qué es aquello por lo que América lucha para saber con quién está América. Y no tenemos esa información todavía”.
Huelgan comentarios.

