sábado, 27 de diciembre de 2008

Figuras

No es agradable recorrer un paisaje y adivinar que nunca llegaremos al sol porque siempre hay un mar, más allá de las montañas, que se interpone entre nosotros y él.
Tampoco la extensión del horizonte es franqueable; no hay grandes fisuras (aunque los paréntesis sean rugosidades en la tierra [y los corchetes cavidades en la roca, madrigueras que se ramifican en las profundidades, conexiones secretas entre la superficie terrestre y el sol, entre el presente y otros tiempos pasados o futuros] que muchas veces restringen nuestra visión del mundo) y predomina la continuidad.
En breves días el Barón abrirá un soleado corchete dentro de un paréntesis al que, posiblemente, nunca sabrá poner un adecuado final.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Pacífico

El nombre, el título, muy importante: Pacífico. Es directo y evocador. Es, a vuelta de novela, provocador. Expresa la amplitud, la universalidad, lo inimaginable por sus dimensiones, “el océano que no tiene memoria”. Contrasta (de ahí la provocación) con la realidad geográfica que se narra: una familia en apenas un barrio –un piso, una pensión, un comercio- de una ciudad que se quiere Barcelona, que regurgita recuerdos y los fagocita después, mediante la memoria de la voz que nos narra.

De ese contraste emana la magia de la historia contada y sus temas (la familia y el amor, la lealtad y la libertad, el azar y la fatalidad, lo individual y lo universal) a través de un acontecimiento esencial que se va filtrando página a página, hasta la reconstrucción final, el descubrimiento, el colmo de la evidencia camuflada tras la más inverosímil de las apariencias, para revelarnos así la crueldad del destino, la imposibilidad de revertir la vida y reparar los errores propios y ajenos.

Por cómo se afrontan esos errores, cómo influyen las variables posibles en la traza de cualquier trayectoria vital, se dibujan los personajes necesarios: los justos para que constituyan muestra e historia, sin excesos y con secundarios que parecen sombras del subconsciente. El padre y el hermano: los protagonistas, los dueños de la desgracia, las víctimas de la vida, el referente negativo de un narrador que sufre por no encarnar su ideal: el escritor de trágico destino en su búsqueda incesante de la verdad (como Hemingway), y que adopta la forma del escritor de doble vida (agente de seguros, deconstructor del ser contemporáneo: como Kafka). Las mujeres de ambos, que sufren los efectos colaterales, que buscan su propio camino, y que son germen de todo. El hombre que no es familia, que es primero testigo y después protagonista pero siempre como quien goza del agua sin mojarse los pies. Y otros seres que jugarán su papel.

Estos seres y sus recuerdos transitan a través de la historia sin perder nunca la forma, sin salirse de su propia silueta, sin alterar la atmósfera del conjunto, una mezcla de ensoñación, crudeza, nostalgia, dulzura y alivio, de tragedia blanda cubierta de caramelo endurecido.

Un producto que parece liviano, ligero como el carbono, de apenas 200 páginas, pero pleno de oxígeno, fluido, elaborado minuciosamente durante siete largos años por ese agradable descubrimiento (del Barón, se entiende) llamado Garriga Vela.

jueves, 20 de noviembre de 2008

La escritura

Quizás la diferencia estribe en quién concibe la escritura como un acto de frivolidad y quién como un acto terapéutico.

Quién como un apéndice de la vida y quién como un refugio ante la adversidad.

El año próximo se publicará un relato del Barón en un libro colectivo, aunque la buena noticia apenas merece su disfrute ante la lógica aplastante de la naturaleza que ha golpeado por dos veces en la aldaba de palacio. Ni aun así perderemos nunca de vista el espíritu esperpéntico que se pavonea por el jardín, ni la capacidad de conjurarlo a través de los visillos.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Una pequeña frustración

Placebo, de momento, seguirá siendo Placebo. Ahora que, inspirado por la preparación de las vacaciones de Navidad, el Barón había encontrado el título perfecto para su engendro novelístico-esperpéntico en marcha, descubre que tal título ya existe, publicado por Planeta en 1975, escrito por Ángel Palomino y, lo que es peor, con una temática semejante (aunque ambientada en otros contextos). El Barón se dispone a buscar la susodicha novela y exorcizar así cualquier espíritu diabólico que pudiera anidar en las viejas columnas de libros apiladas en los almacenes de las librerías con solera. La intención es leerlo en esos días que darán carpetazo al año en curso, a buen seguro acompañados de sol, agua, naipes y otros pasatiempos menos inofensivos para nuestros hígados respectivos.

martes, 4 de noviembre de 2008

Obama is different?

Hay dos personajes en contienda:
Uno encarna los valores de la América profunda, el esfuerzo individual, el espíritu de frontera, la providencia divina y todos esos cánceres ideológicos que no van a desaparecer gane quien gane y que, mientras aniden en buena parte de la población del estado más poderoso del planeta, llevarán a éste por la senda de la autodestrucción.
Otro encarna parcialmente esos valores, pero también representa un concepto diferente de la ciudadanía e, incluso (aunque poquito) del papel de los EE.UU. en el mundo. En todo este tiempo como personaje público ha dado muestras de su inteligencia y preparación, ha hablado de problemas que ningun candidato había mencionado antes (la proliferación de armas de fuego, la desigualdad económica intolerable).
El Baron, gracias a la ausencia de televisión, ha tenido oportunidad de escuchar este mediodía un fragmento de un discurso de Obama y ha de reconocer que tiene gancho, carisma y fuerza. Como nunca había visto (ni escuchado) en un político estadounidense.
Aun así, el Barón confiesa que poco le importa el resultado de las elecciones en EE.UU., porque la experiencia nos dice que no suele tener trascendencia. Sin embargo, W ha demostrado que quizás no sea lo mismo una cosa que la otra. Obama también puede que tenga la ocasión de demostrar (si ese sustrato social lunático no se impone en las elecciones) que, efectivamente, puede que no sea lo mismo. Si es capaz de imponerse a los intereses del Gran Capital y si algún fanático con un rifle o una bomba no se interpone en el camino.
El diagnóstico final: es probable que nada cambie gane quien gane, pero es seguro que nada va a cambiar si gana McCain.

lunes, 3 de noviembre de 2008

El hueco

Qué triste y desamparado queda el hogar del Barón sin ese aparato tan denostado pero del que tanto cuesta privarse. Esa caja tonta que era la única ventana al mundo hasta la aparición de Internet.
Ahora está en la UCI y el Barón confía en su curación: ojalá no sea necesario un trasplante, ya que se trata de un modelo en extinción.
Durante los próximos días, el hogar del Barón permanecerá ajeno a algunas cuestiones cruciales que se dirimen en el mundo: si el nuevo corazón del imperio será negro o blanco, si Cretinia será admitida en la cumbre, y lo que es peor, si el Barça proseguirá su racha victoriosa en la Champions...
Que sea para bien...

miércoles, 29 de octubre de 2008

Fragmento de Placebo 7 (a falta de otros frutos de un espíritu hoy exprimido)

-A ver, Luis –dice Nicanor sin mover un músculo. –En la vida no hay cosas más serias que otras. O te lo tomas todo en serio, o no te tomas nada, y entonces estás dispuesto a cualquier cosa con tal de vivir la vida. Y eso es muy serio.

Luis reflexiona sobre las palabras de Nicanor, pero no llega a ninguna conclusión.

-Me pierdo –reconoce con resignación.

-Hubo un tiempo en que la vida era una disyuntiva constante, -prosigue Nicanor-. Como un camino en el que constantemente tuvieras que elegir una alternativa. Apenas había tiempo para pensar, para decidir.

-Ya –asiente Luis.

-Podías pensar unos segundos, pero entonces tenías que detener la marcha antes de seguir el rumbo elegido. ¿Me sigues?

-Sí, claro.

-Y no había vuelta atrás. Pero eso ha cambiado. Ahora hay una libertad que antes no había.

-¿Y eso que quiere decir?

-Ahora, en teoría, todo va más rápido; la vida nunca se para.

-Eso es verdad.

-Pero eso es la apariencia que oculta la realidad. Fíjate en las carreteras.

-¿En las carreteras?

-Sí. Antes, si te pasabas un desvío, no había más remedio que detener el coche y dar la vuelta donde pudieras. Había una parada y una rectificación.

-Sí.

-Pero, ahora, ha llegado a nuestras vidas un invento sensacional, revolucionario.

-¿Cuál?

-Las rotondas.

-Y, ¿qué pasa con las rotondas?

-Pues que no hay que parar la marcha. El mundo no se detiene, pero eso no significa que tengas que tomar decisiones irreversibles en décimas de segundo. ¿Que te pasas el desvío? Pues das otra vuelta mientras te lo piensas. Y así hasta que te decidas. Las rotondas te dan oportunidades infinitas. Y así es la vida hoy en día. No para nunca, pero siempre habrá otra oportunidad.

-Entonces, ¿el plan sigue en pie? –pregunta finalmente Luis.

-Pues claro.

-¿De qué plan estáis hablando? –pregunta Lucía.