martes, 22 de diciembre de 2009

Otro fragmento de Ardora

Ayer por la noche aproveché unas cuantas manzanas para hacer una tarta. Me gusta una receta que tenía mi abuela materna. A ella se la dio una vecina judía que tenía cuando vivía en Brooklin. Le llamaba apple crumble, migas de manzana. O algo así. Mi madre nació allí, en Brooklin, pero un verano vino de vacaciones, conoció a mi padre y ya nunca regresó. Nunca entendí muy bien cómo mi madre, siendo de Nueva York, pudo adaptarse al ambiente de aquí en aquellos años terribles. Debió ser la fe, y su amor a la misa en latín. Y el dinero de mi padre. Mi abuela, en cambio, murió allí, y yo nunca pude ir a visitarla. Ella y el abuelo venían casi todos los veranos, para ver a la familia. Cuando crecí lo suficiente como para tener ganas de ir a visitarla ella ya no vivía. Aun así, una vez estuve en Brooklin y busqué la casa de mis abuelos. Ya no existía.

La primera parte es sencilla, no hay más que cortar media docena de manzanas en rodajas y ponerlas en el molde, en capas. La segunda parte es más difícil. Hay que mezclar trescientos gramos de azúcar, ciento cincuenta gramos de harina, una cucharada de levadura y un huevo batido. Se forma una masa espesa y grumosa que hay que extender con gran trabajo sobre los trozos de manzana, que se quedan adheridos a la masa.

Cuando estaba en la segunda parte Adrián empezó a llorar. Tuve que dejar la tarta. Apagué el horno y fui a la habitación. Sólo comprobé que no le pasaba nada, pero no me atreví a cogerlo en brazos. Tendría alguna molestia. Al poco tiempo se volvió a quedar dormido. Es demasiado pequeño como para tener miedos nocturnos. Yo tenía muchos cuando era un niño. Las angustias de un bebé deben ser insoportables, por eso es una etapa que nadie recuerda.

Cuando regresé a la cocina algunas rodajas de manzana habían intentado escapar del molde, pero dejaron un rastro de harina y azúcar que me facilitó la captura. Alguna ya había llegado hasta la sala. Volví a encender el horno, extendí la mantequilla sobre la masa, metí el molde, me serví un oporto y me fui al porche a esperar a que se dorara.

Mi noche más angustiosa la pasé en Oporto. No viajaba mucho con mis padres, pero hasta allí no era un viaje largo, ni siquiera entonces, y mi padre solía acercarse para aprovisionarse en las bodegas y poder presumir de entendido ante los clientes importantes. Una de las veces decidieron llevarnos a Dito y a mí con ellos. Normalmente nos dejaban con Fernanda, la sirvienta, pero, cuando Dito cumplió ocho años, mi padre quiso homenajear a su primogénito con una excursión a un país extranjero. Y yo fui de rebote. Tenía cinco años.

Recuerdo la impresión de ver un sitio parecido pero distinto a Capetón. Casas antiguas encaramadas en las laderas, como queriendo precipitarse al río. Tengo grabada también la imagen metálica del puente sobre el río. La armonía del color y el ritmo del perfil de la ciudad debieron dejar algún poso en mí, de ese tipo de cosas que van marcando nuestro camino y acaban por ser definitorias de nuestro papel en la vida. Ninguna ciudad me ha vuelto a producir la sensación que entonces experimenté.

Pero todo recuerdo queda oscurecido por la figura de Sandeman. El cartel ocupaba toda la pared de un edificio. En él aparecía la silueta, en negro sobre amarillo, de un ser oculto bajo una capa y un sombrero de ala ancha. Yo me quedé sobrecogido por esa imagen y me acuerdo de que le pregunté a mi padre quién era el señor del cartel.

El sadismo no era uno de los rasgos del carácter de mi padre, pero, en ese momento, debió pensar que sería divertido decir lo que dijo. “Es Sandeman, el hombre de arena”. Yo le pregunté si era malo, y él siguió el juego y me dijo que por las noches se acercaba a la cama de los niños y le echaba arena en los ojos para que se durmieran. Mi padre no era culto, aunque conocía esas leyendas anglosajonas por mi madre, que tampoco era culta pero había nacido y crecido en Brooklin. Es muy posible que, si yo me hubiese echado a llorar, mi madre hubiera acudido en mi auxilio. Pero, como me pasó muchas veces después, no tuve ninguna reacción visible. Dejé que la amenaza quedase ahí, flotando delante de mí y haciéndose mayor a medida que pasaba el tiempo. Horas después, esa misma noche, mientras Dito dormía, yo mantenía mis ojos abiertos esperando que el hombre de negro entrase por la puerta de la habitación de aquel hotel que a mí me parecía tan siniestro. No sé cuánto tardé en dormirme, pero creo que nunca dejé de esperar la visita del hombre de arena. Ni aun después de saber que todo era una farsa de mi padre. Ni aun después de haber leído el cuento de Hoffmann, y las teorías de Freud. Ni aun después de haber conocido a Julio, su catalítica encarnación.

Porque “vivir es fácil con los ojos cerrados”, el hombre de arena nos traslada al otro lado del río y nos señala el camino más sencillo, el de dejar que el discurrir de los acontecimientos nos conduzca hasta el final del sueño.

jueves, 17 de diciembre de 2009

1. Osiris, Sumo Sacerdote


Primero fue una gran rey. Después de ser asesinado y cortado en catorce trozos por su hermano, cosido y resucitado, se convirtió en dios de la resurrección y la regeneración. Preside el Juicio de los Difuntos, donde contrapesa el corazón de los muertos con la pluma de la verdad y la justicia y decide si son merecedores de la inmortalidad o de una muerte definitiva. No creo que fuese el más ecuánime. Estaban locos estos egipcios.

martes, 3 de noviembre de 2009

Novembro

Este mes o ten mais difícil que ningun outro para lhe caer ben a ninguén. Empeza a hibernación, chegan as choivas, cae a noite, morre a gente.

Dia de defuntos para sempre vencelhado à lembranza dos que escolheron este dia para marchar. Familiares, referencias intelectuais, ídolos...

Aínda asi, o corpo sabe das estreituras que lhe agardan e tenta encher ocos, expandir-se.

A festa continua pese a todo...

viernes, 2 de octubre de 2009

Adelanto de un nuevo experimento

Hoy por la mañana, al entrar en la bodega, vi que se había volcado la caja de las manzanas. Debió ceder al peso y se produjo una avalancha. Eso es lo que pasó. Me gustaría comenzar con algún acontecimiento espectacular, significativo, decisivo, pero he decidido empezar por éste, que es lo más peculiar que me ha pasado hoy. Y ni siquiera me he enterado hasta que lo he visto.

He recogido algunas manzanas, las he metido en una cesta y se las he llevado a Hilda, mi vecina. He aprovechado que su marido ya no estaba en casa porque no soporto su mirada desdeñosa. A saber cómo la trata. También he llevado a Adrián. Es curioso: todo el mundo dice que se parece a mí. Hilda, que siempre me da la impresión de que va a llorar cuando ve al niño, también lo dice.

Regresé a casa, le di el biberón a Adrián y decidí contar la historia de mi vida. Cada día escribiré un poquito. No es que tenga deseos de inmortalidad, pero me apetece compartir mi experiencia y que alguien llegue, quizás, a comprenderme algún día. También es una forma de comprenderse a uno mismo. Uno siempre tiende a analizar los actos de su vida como eslabones lógicos de una cadena de elecciones y decisiones conducentes a un fin determinado, que es el presente.

Mi presente es Adrián. Y mi presente inmediato es el montón de manzanas que se acumula en el suelo de nuestra bodega. Es como si, llegada una edad, las personas rompiésemos la barrera del sonido: la velocidad se acelera y, cuando nos damos cuenta de lo que estamos viviendo, ya lo hemos vivido. Me imagino que la muerte es la culminación de este proceso, el último paso, el postrer movimiento, del que ya no podremos ser conscientes. Aunque sólo tengo cuarenta y seis años y espero que aún me queden pasos que dar. Aprovecharé que tengo que devolver esas manzanas a la caja para tocar madera.

viernes, 11 de septiembre de 2009

11-S

¿No es evidente que a las grandes corporaciones de la industria médica y farmacéutica se la trae floja el padecimiento y el sufrimiento de 47 millones de conciudadanos que no tienen cobertura sanitaria, y el de muchos de ellos que mueren en la más completa penuria en la "democracia más avanzada del planeta"?

¿No es evidente que las grandes corporaciones de la industria militar se están cubriendo de oro y petróleo a costa de los cientos de miles de cadáveres que siembran la tierra desde Palestina a Pakistán?

¿No es evidente que al gobierno títere de George W. Bush le dio exactamente igual que un huracán arrasase una ciudad entera y matase a 1.836 personas abandonadas a su suerte?

¿No es evidente que fue EEUU, a través de la CIA, quien inició, fomentó y fortaleció el integrismo y el terrorismo islámicos para hacer la guerra sucia al panarabismo laico y a la Unión Soviética en Afganistán?

¿No es evidente que para el capital, que gobierna el mundo, EL BENEFICIO ECONÓMICO está por encima de LA VIDA DE LAS PERSONAS?

Entonces, ¿por que sigue habiendo gente que llama "conspiranoicos" a quienes piensan que el 11-S no fue causado simplemente por cuatro chalados en sus locos cacharros y exigen una investigación rigurosa e independiente sobre los atentados?

Algunas páginas de interés:

www.911truth.org (científicos por la verdad y por la justicia sobre el 11-S)

www.investigar11s.org (asociación por la verdad sobre el 11 de septiembre de 2001)

www.journalof911studies (boletín de estudios sobre los atentados)

miércoles, 26 de agosto de 2009

Palabras, palabras

Dice Valdano que cada uno trata de ocupar un lugar en el mundo, y que "el Barcelona lo hace mirando desde Cataluña hacia adentro y el Real Madrid lo hace mirando desde España hacia fuera". Y que por eso la proclama "Visca el Barça y visca Catalunya" no tiene traducción al madrileño, y los jugadores del Madrid nunca gritan "Viva el Real Madrid y viva la Comunidad de Madrid".

Al hilo de las declaraciones de este hombre de fútbol que es, al tiempo, un intelectual, surgen las dudas:

¿No será que el Real Madrid sólo es un club, por muy legendario que sea, y el Barça es mucho más que eso?

¿No será que el Real Madrid no representa a Madrid, al menos no en la misma medida en que el Barça representa a Catalunya?

¿No será que el Real Madrid representa a España desde cierta época oscura que muchos de ellos preferirian no recordar?

¿No será que Madrid no tiene un adentro, y por eso mira hacia fuera?

¿No será que en Madrid no entienden que en España hay varios "adentros"?

¿No será que en Madrid fastidia que los "adentreños" de España sientan su "adentro" más que ellos?

¿Por qué el filial del Barça se llama Barça B y el filial del Madrid se llama RM Castilla? ¿Deberían gritar sus jugadores "Viva el Madrid y viva Castilla"?

¿No será que un intelectual independiente como Valdano se ha vuelto un intelectual orgánico al servicio de ACS... digo, del Real Madrid?

¿O simplemente se ha vuelto tonto?

viernes, 14 de agosto de 2009

Cielo de Medellín

Un domingo por la tarde, cientos de niños y adultos ondean sus cometas desde la cima del Cerro El Volador. Hace no mucho tiempo, el equipo de arqueólogos que excavaba en este mismo sitio encontraba cadáveres cada mañana. Atados, amordazados, con la boca cosida con alambre y toda una gama de atrocidades generadas por una situación de máxima violencia.

El cielo de Medellín alcanza donde no llega su catedral, sumergida entre rascacielos y edificios de oficinas.

Abajo, en el valle, en la tierra un día pantanosa, se acumula el pasado material en forma de fábricas y talleres en proceso de abandono y sustitución por grandes y actuales moles comerciales.

El cielo de Medellín es su techumbre, suspendida la bóveda en los verdes cerros que rodean el valle y en nubes gigantes y tersas que se desgarran al caer la tarde.

En el valle se extiende una gran lanzadera casi rectilínea con forma de raíles de metro y autopista. El asfalto crece también por las laderas, sinuoso y transversal, sorteando casas nuevas y viejas, alambres de espino, madera, uralita y ladrillo visto.

Entre tanto, las tardes de domingo el cielo de Medellín se inunda de cometas que vuelan alto. Más allá del asfalto, del cemento, del ladrillo y el alambre de espino. Como enredaderas de las nubes que pugnan por huir de la tierra pero siguen unidas a ella, pues en ella hunden sus raíces.