jueves, 21 de octubre de 2010
viernes, 15 de octubre de 2010
460 ml
Donando sangre (por vez primera, eso sí) uno tiene la sensación de que le están robando algo precioso, irrecuperable. Sabemos que no es así, que un cuerpo sano la regenera, que alguien lo agradecerá, más o menos conscientemente, y que esa bolsa de plástico puede servir para prolongar o incluso salvar alguna vida. Casualmente, en la televisión que permanece encendida en el centro de transfusión están con el informativo de la tarde. Noticia: en Ciudad Juárez hay problemas con la sangre. Los hospitales y centros de salud no dan abasto para cubrir las necesidades de una población que se desangra ahogada en el caos y la violencia, envuelta en un "genocidio de mercado" (Harmodio dixit). Normal que no den abasto, si la sangre ya es un bien escaso aquí, en una nuestra tranquila y resguardada esquina del Primer Mundo, qué no va a pasar allí, en el epicentro de la agonía de la civilización occidental. Y uno vuelve a pensar en lo mismo: ¿no debería dar paso la especie humana a formas de vida, si no más evolucionadas, menos agresivas con el mundo? O sea: ¿merece la pena donar sangre para "que siga esta demencia"?
miércoles, 13 de octubre de 2010
domingo, 26 de septiembre de 2010
El trato que Fenosa Gas Natural dispensa a sus usuarios me reafirma en una idea básica: bajo una amalgama de marcas e imágenes de marca, se esconde una misma bestia, poderosa. Cuando por un puñado de euros de una deuda contraída por inquilinos anteriores son capaces de dejarte sin suministro eléctrico, te están recordando quién es el amo y quién el súbdito, y, de paso, te están sugiriendo que los grandes capitales siempre se han apoyado, y se apoyarán, en el robo y la extorsión. Me río de lo que algunos llaman "regímenes totalitaristas", al lado de lo que significa la tiranía del capital.
Ahora que Europa, como EEUU, se inclina poco a poco hacia una escenario de odio que sólo conocíamos por las historias de nuestros abuelos, o por libros y películas, me viene a la mente una conocida frase de Brecht, al término de la 2ª Guerra Mundial: "el cachorro ha muerto, pero la madre sigue viva".
Ahora que Europa, como EEUU, se inclina poco a poco hacia una escenario de odio que sólo conocíamos por las historias de nuestros abuelos, o por libros y películas, me viene a la mente una conocida frase de Brecht, al término de la 2ª Guerra Mundial: "el cachorro ha muerto, pero la madre sigue viva".
jueves, 16 de septiembre de 2010
Si la identidad es permanencia, entonces el camino para la dilución del Yo pasa por la abolición de la conciencia de la temporalidad, por la renuncia a la perspectiva que alinea pasado y futuro. Ni somos el tiempo que nos queda, ni somos lo que nos ha conducido hasta aquí. Somos, sencillamente, lo que vivimos y experimentamos a cada momento. Nuestra conexión con el mundo y la historia se produce siempre en el presente, no por poseer una conciencia del Deber-Ser, sino por un Ser(Estar)-en-el-Mundo generoso, a veces (las más) contemplativo y apaciguado; a veces luchador.
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