Lo mejor:
1. Los pubs, por su estética armoniosa, su variedad cervecera y su ambiente entrañable. Los mejores lugares para las reuniones al cabo del día, o para hacer un descanso en mitad del ajetreo.
2. Los parques: y, puestos a elegir entre el modelo "campo de golf" (Hyde Park), y el modelo "jardín obsesivo" (Regent's Park), el Barón opta por éste último. De imitar a la naturaleza, mejor hacerlo sin máscaras. Recomendable una siesta de media hora al sol de la tarde.
3. La National Gallery: una gozada.
4. La cúpula de Saint Paul: vista privilegiada desde lo más parecido al centro vertical de la ciudad, allí se aprecia en su conjunto el puzzle arquitectónico de la City y el ánimo pragmático que impregna el urbanismo londinense.
5. El conjunto de Westminster: sin contar el pastiche de la catedral (a mitad de camino entre una mezquita posmoderna y una iglesia inacabada), el Parlamento, el Big Ben y la Abadía responden a las expectativas. Allí se tiene plena consciencia de estar en esa ciudad.
6. El espectáculo turístico-nostálgico-mitomaníaco-esperpéntico en Abbey Road. Pronto podremos ver (esperemos) en este blog, algunas imágenes del fenómeno.
Lo peor:
1. La conversión de la ciudad en un gigantesco centro comercial. El dinero y el negocio lo invaden todo. Se nota que un día fue el centro del mundo capitalista, y se nota que la salida posmoderna está siendo una huida hacia delante. Ejemplo: Carnaby Street, antaño centro de la movida alternativa, hoy pasaje comercial. Otro ejemplo: los punkies de Candem Town anunciando la tienda de las Dr. Martens.
2. Highgate: aparte de lo ilustre de la tumba de Marx, está descuidado y no responde al arquetipo de cementario inglés. Se preocupan más de los vivos que de los muertos (y, probablemente, hacen bien).
3. No hay animadversión contra los turistas (el Barón también lo era) pero sí contra aquellos que recorren el British y entran en las salas con la cámara de fotos por delante. ¿Una foto de la piedra de Rosetta? ¿Que sentido tiene eso? Ojalá lo prohiban algún día.