viernes, 11 de enero de 2008

Covarrubias 1962


Y la mano guía el espíritu, en la espiral del tiempo...

martes, 8 de enero de 2008

2008

Con un año tan rechoncho, que dan ganas de espachurarlo de gordito, no parece que venga una época magra en aventuras.

Si el Barón no se ha dignado a felicitar el año entrante a sus visitantes antes de hoy ha sido por su entrega total, durante las fiestas, a dos de sus pasiones más señaladas: la bebida y el dibujo. Vivan el vino y las artes plásticas.

PS: Por causas de fuerza mayor el Barón aún no ha podido ofrecer a sus amables lectores el fruto de estos esfuerzos. En breve se subsanará este error lamentable. Para entretenerles, mientras tanto, les emplaza a visitar esta página y a encontrar, en la misma, un pequeño cuento de navidad para pesimistas, escrito por su sombra y titulado Aerofilia.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Gusano

Deambulando lejos del hogar, pero con tarjeta de embarque para unas horas después. Así es fácil conocer, acceder a otros mundos y sentirnos humillados por nuestra insignificancia. Los ídolos. Aventureros, exploradores del futuro. Audaces. Y el Barón, mientras, piensa en la cobardía, en el conservadurismo, y en los versos de los violadores:

Quisiera ser palmera
enfrente del mar,
y que mi trabajo fuera
estar y no pensar
en respirar siquiera...

miércoles, 5 de diciembre de 2007

John Darwin, detenido

Así se llama el reaparecido británico al que hacía referencia el Barón. La policía británica lo ha detenido porque hay fundadas sospechas de que su "desaparición" fue un montaje entre él y su "viuda", para estafar al seguro, liquidar sus hipotecas, revender sus dos propiedades y largarse con la pasta a Panamá. Ayer parecía que la mujer no sabía nada: ahora dice que el dinero no le importa, que está dispuesta a devolverlo al seguro y que lo único que quiere es que su marido regrese con ella. El padre sigue metido por en medio: dice que su hijo recibió un golpe cuando tenía cuatro años y que padece ataques de amnesia. Cuentan que, en 36 años, este hijo ejemplar sólo fue a visitar a su padre una vez Otro dato: una agencia inmobiliaria de Panamá ha difundido una foto del matrimonio, tomada en julio de 2006. Por otro lado, también cuentan que el tipo se presentó en la comisaría luciendo un moreno caribeño envidiable. La gran pregunta es: ¿por qué volvió a Inglaterra y se presentó a la policía? ¿Será verdad que tiene problemas de coco? ¿Vivió en Panamá con su mujer durante cuatro años sin saber con quién vivía y en dónde? ¿Por qué su padre le tiene tanto cariño?

La luz del norte

Cuando el torrente de la existencia nos quiere arrastrar hacia la quiebra corporal y espiritual, es momento de refugiarse en esos momentos de placidez que sólo nos puede brindar la exhibición visual y el silencio majestuoso de una puesta de sol allá donde éste huye de nuestras miserias para dejarnos huérfanos de luz, pero bañados en armonía y serenidad.


La foto está tomada en Estaca de Vares, el 13 de noviembre de 2007.

martes, 4 de diciembre de 2007

¿Dónde estaba? ¿Dónde está?

El Barón retoma una de sus secciones favoritas: la de noticas curiosas e inquietantes. Hoy han dicho en el Telediario que en Inglaterra se ha presentado en una comisaría un hombre que había desaparecido hace cinco años, mientras hacía piragüismo en el mar. Dijo que no recordaba nada, pero que creía que era alguien que había desaparecido hace tiempo (se supone que la amnesia no es incompatible con el sentido común). En la comisaría lo han verificado y es cierto. Cuando le han querido notificar el hecho a su familia, se han encontrado con una afirmación de su padre (yo sabía que no podía estar muerto, porque es alguien con sentido común) y con otra noticia: que su mujer ha desaparecido. Oficialmente declarada viuda, cobró el dinero del seguro y, al parecer, se fue a Sudamérica. Demasiadas preguntas vienen a la mente. El Barón seguirá informando sobre los entresijos de este caso apasionante.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Tiempo de zozobras

Sucede, a veces, entre tanta información que se trastoca, entre tanto ir y venir y no parar en ningún sitio, que hay que dejarse guiar por las voces que provienen de un camino ya recorrido, de rutas que propician experiencia, y esas voces nos conducen a descubrir cosas como Cabo de Hornos, historia que fluye y se acelera paso a paso, que esconde sugerencias en la evocación mítica de su nombre, el rincón del mundo al que sucumbieron navegantes y aventureros de todas las épocas, pero que narra, cruel ironía, la singladura de un hombre de pasado fracasado, futuro incierto (Sansavenir es su apellido) y presente incomprensible, navegante del periodismo en la esquina de Europa, que se asoma una y otra vez a las costa atlántica, sin saber si es para confirmar que no hay camino más allá de la playa de Carnota, y que el recorrido hasta entonces no son más que pezuñas enterradas en la arena, ni si es para descubrir el errar de otros que nos han precedido, la saga de dos hermanos poetas, uno ficticio (poeta, no hermano) que arrambla con la gloria y otro genial que desciende a los infiernos, y sólo se acompaña de un colega sumergido en esencias etílicas patrias (licor café) o foráneas (güisqui), en pequeñas píldoras ansiolíticas, siempre junto a su fiel camaleón Ulises, y ocasionalmente (uniocasionalmente, podríamos decir, ya que la experiencia es única en el fragmento de tiempo que se nos está contando) de una mujer tan perdida como él, y de una vedette arrinconada, remedo de estrellas que fulgieron en la ciudad de las luces, y de un anciano fantasma que se instala en su casa y que marca el inicio de la deriva sin fin, siendo además compañero de viaje de los poetas espectro y del gran revelador de la impostura literaria, que también es un espíritu, y todos juegan al mismo juego del no saber ni dónde estamos ni quiénes somos, y así hasta que termina, sin solución, sin esperanza para un tiempo de incertidumbre y zozobra en el que nada es, simplemente, por sí mismo, sino en unas coordenadas en el espacio, como una navegación, pero éste es un viaje a la deriva, donde la ciudad de las burgas (se insinúa pero no se afirma) es un pastiche de viejas capitales literarias europeas, y no hay referencias fijas que orienten el caminar sin rumbo de Sansavenir, que se expone constantemente a estrellarse contra la costa, que es el final del mar, hacia ese Cabo de Hornos, o hacia otro cualquiera porque, al fin y al cabo, cualquier cabo es propicio para naufragar.